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jueves, 5 de mayo de 2011

Stug III

Sturmgeschütz III, el panzer sin torre

Como ya hemos dicho antes, Guderian consideraba que los panzer eran demasiado costosos como para destinarlos a misiones ajenas a las de las divisiones panzer, y sobre todo era reacio a que se utilizaran como apoyo de la infantería. Eso llevó a buscar un tipo de arma diferente que diera a los soldados un adecuado apoyo artillero no sólo al acercarse a las líneas enemigas, sino una vez traspasadas estas y fuera del alcance de la artillería de campaña. Al tratar de cubrir esa necesidad, los diseñadores alemanes produjeron una máquina sorprendentemente exitosa y polivalente: el cañón de asalto Sturmgeschütz.

Los analistas soviéticos que estudiaron los diseños de los alemanes durante la guerra fueron muy claros: el Stug fue el mejor vehículo de combate del Heer en cuanto a relación efectividad/coste; y sin embargo el cañón de asalto estuvo a punto de no salir jamás de las líneas de producción, por una conjunción de burocracia y celos.

Si Guderian es el padre de los panzer, Manstein fue el progenitor del Stug. En 1936, estando en el Estado Mayor General, en la rama operativa, diseñó las líneas fundamentales de las tácticas de empleo de la artillería de asalto (sturmartillerie). La inspección de artillería, en base a esas líneas doctrinales, autorizó la petición de diseño para un vehículo acorazado de combate de baja silueta (no mayor que la altura de un hombre), armado con un cañón de 75 mm en casamata abierta por el techo con un arco de tiro de unos 30º en horizontal y una elevación suficiente como para batir objetivos hasta 6000 metros, capaz de penetrar hasta 40 mm de blindaje y completamente blindado.

El contrato fue adjudicado a la Daimler Benz que en ese momento estaba trabajando en las primeras versiones del Panzer III, y optó por aprovechar la barcaza diseñada para el Ausf B para este cometido a fin de ahorrar tiempo y dinero. El cañón fue diseñado por la Krupp en base al que estaba preparando para el Pz IV y la serie experimental (cinco unidades) estuvo disponible en 1938 para su evaluación. Una de las primeras cosas que se vio sobre esos modelos de prueba era la necesidad de cerrar completamente el techo para proteger a la tripulación del fuego de infantería ya que la baja altura del vehículo les pondría en peligro en todo momento. Una serie de modificaciones solicitadas por los mandos de artillería a fin de mejorar la capacidad de tiro indirecto retrasaron la puesta en producción del stug, que no llegaría a tiempo para la campaña de Polonia. Las primeras unidades del Ausf A se entregaron en diciembre del 39 y para mayo del 40 sólo estaban disponibles cuatro baterías de seis cañones.

He comentado que el stug estuvo en un tris de ser abortado: el stug era un diseño de artillería, dependiente del WaPruf 4 (la oficina de Artillería) y no del WaPruf 6 (la oficina de carros y posteriormente de cazacarros) lo que llevó a que fuera mirado con profunda desconfianza por los adalides de los panzer. Para empezar Guderian y su gente temían que la producción de stugs ralentizara la del Pz III, su niño mimado, y se oponían a su producción aduciendo que un panzer podía hacer perfectamente el trabajo de un stug mientras que un stug no podía reemplazar a un panzer. Sin embargo Guderian se oponía radicalmente a dedicar panzers al apoyo de la infantería (la tarea del stug) lo que anulaba su argumento. Otro motivo de disgusto para Guderian era que el Stug iba a ir incluso mejor armado que el PzIII, lo que le parecía un desprestigio; otro argumento bastante estúpido que nos revela mucho del carácter de Prima donna del joven general.

Se llevó a cabo una reunión de las inspecciones de las tres armas implicadas a fin de aclarar la situación. La inspección de infantería comprendía la necesidad del apoyo artillero a sus tropas pero consideraba que no podía preparar los medios logísticos necesarios para el mantenimiento de un vehículo acorazado de esas características. La inspección de panzer directamente abogaba por la retirada del proyecto, a lo cual se adujo que si bien podría haber en efecto una ralentización en el programa del Pz III para producir los stugs, la existencia de los stugs liberaba a los panzer de la misión de apoyo a la infantería, pero se cerraron en banda y se negaron a prestar el más mínimo apoyo al despliegue de la nueva arma. De hecho el que los stugs tuvieran una capacidad contracarro muy superior a la de los Pz III les pareció una amenaza al concepto mismo de los panzer. En ese momento todo el proyecto estaba en el aire por una simple cuestión de orgullos heridos. Finalmente la inspección de artillería, tras comprobar (más bien, tras éxplicárselo a su jefe, un oficial muy mayor que pensaba que se podría hacer esa tarea con cañones tirados por caballos) que el diseño del stug iba a facilitar muchísimo su trabajo se ofreció a hacerse cargo con todas sus implicaciones del nuevo arma, tanto de su uso en combate como de la logística y el adiestramiento.

Por supuesto la inspección de los pánzer se negó a prestar el más mínimo apoyo a los artilleros, lo que llevó a nuevos retrasos mientras se desarrollaban las tácticas coordinadas con la infantería, pero a la larga fue ventajoso porque los artilleros de los stugs desarrollaron su trabajo sin ideas preconcebidas y adaptándose a todas las necesidades que se les plantearon, convirtiéndose en una verdadera élite.

El Stug usaba la planta motriz del Pz III, pero la ausencia de torre permitió un incremento del blindaje frontal hasta los 50 mm lo que unido a su bajísimo perfil lo hacía un blanco extremadamente difícil para las armas contracarro. Además era enormemente ágil y las unidades podían desplazarse con gran rapidez (40 km/h) de una posición a otra a fin de atender a las necesidades de las unidades en avance ahí donde se les requiriera. EL mantenimiento era sencillo ya que no había necesidad de los mecanismos auxiliares de la torre y el interior del vehículo era muy accesible.

El despliegue se fue realizando a razón de un batallón de artillería de asalto asignado a cada división de infantería, cada uno compuesto por cuatro baterías de seis stugs, funcionando en escalones triples de dos unidades (luego se añadió un stug extra a cada batería)

La estructura del batallón era muy flexible lo que permitía mantener una adecuada fuerza en reserva mientras que un escuadrón (una pareja de stugs) podía apoyar casi desde el principio cada punta de ataque, siendo reforzada por las unidades en reserva en función de las necesidades del momento ya que la velocidad del stug (muy superior a la de un soldado de infantería, evidentemente) permitía a estas unidades acudir rápidamente a cualquier parte del frente divisionario.

Con toda la división en avance lo normal era asignar una batería por regimiento, siempre bajo el mando directo del comandante regimental y en estrecho contacto radiofónico con la artillería divisionaria a fin de evitar fuego redundante o bajas por disparos propios. Su función era la de ir batiendo los puntos fuertes del dispositivo defensivo enemigo más allá de la línea principal de defensa, de modo que el avance de los infantes no se viera interrumpido por posiciones ocultas a la artillería de campaña.

En caso de requerirse su apoyo en un ataque de panzers su misión sería la de batir las posiciones contracarro enemigas aprovechando al máximo su baja silueta para aproximarse todo lo posible (mucho más de lo que podría hacer un Pz IV en las mismas circunstancias) y apoyar el avance de la infantería motorizada igual que lo harían en el apoyo a las divisiones de infantería

Las primeras baterías no intervinieron hasta el comienzo de la batalla por Francia, pero pronto iban a convertirse en una parte imprescindible del Heer. A la larga, el mismo Guderian iba a tener que comerse sus propias palabras.

Por comparación con el arma más parecida usada por los aliados, los carros de infantería Matilda I y II, si bien ambos modelos estaban poderosamente blindados su armamento era ridículo (sobre todo el del patético Matilda I) y la cortedad de miras del mando inglés había llevado a usar en apoyo de los infantes carros que no podían ir mucho más rápido que dichos infantes, lo cual los convertía en unas renqueantes bestias casi totalmente inútiles a nivel táctico, mientras que el stug tenía un potencial asombroso que le permitió convertirse en una auténtica "chica para todo" durante toda la guerra.



Coloco la entrada del slideshare


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